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La Coctelera

otro panal de historias

1 Diciembre 2007

Todavía más horas divinas

*
Horas divinas…
Me gustan las tardes de primavera, cuando mis ocupaciones terminan y puedo retirarme a mi habitación personal. La temperatura normalmente es suave es esta época del año, y permite vestirse con ropa cómoda y agradable. Abro la ventana y todo el perfume de azahar de los campos vecinos inunda mi estancia, mientras el rumor del mar llega a mis oídos con su incesante ir y venir en la playa próxima.
Me siento cómodamente delante de mi mesa y me quedo quieto unos minutos: necesito relajarme, dar descanso a mi cuerpo y dejar paso a mis pasiones internas. Miro a mi alrededor, satisfecho de este ambiente que me permite disfrutar de estos instantes. Frente amí, la ventana abierta al mundo de mi ordenador parece dormir, toda negra y silenciosa. A estas horas prefiero la ventana de las palabras escritas que me trasladan al mundo de los sueños. Más arriba, cubriendo las paredes, copias de pergaminos egipcios, de faraones muertos hace miles de años, de recuerdos de mis viajes, de fotos de mis seres queridos…Detrás de mí, en una gran estantería, mis libros esperan ansiosos la caricia de mis manos. Unos son jóvenes, recientes; otros me acompañan desde siempre, desde que, siendo todavía un niño, contraje esa enfermedad maravillosa que es la pasión por la lectura.
Abro un libro y empiezo a leer. Es en este momento cuando se produce el milagro de ver, no con los ojos, sino con la imaginación. Y los sueños, relatos, historias, personas, paisajes, van pasando ante mi mente ansiosa, a través de las palabras del autor, mientras el sol se escapa tras los montes enrojecidos y llega la noche dulce y melancólica.
Ésta es mi hora divina…mágica…Cuando los sueños parecen estar más cerca de mí que nunca…

Miguel Albert Castelló

*
Todo tiene su fin

Lluvia, maná del cielo
que mi alma necesita.
Perlas incoloras caen
dejando libre volar
el suspiro que, preso,
vive en mí.
El cielo dibuja formas
que mi mente esculpe
con el pincel de mis
sueños. Veo ángeles,
fantasmas celestes que,
convertidos en lluvia,
caen sobre mí.
¿Niño, estás en el limbo?
Sangre de mis venas,
carne de mi cuerpo,
formas parte del Universo.
Cada célula de ti es lluvia.
El cielo está gris
y yo soy feliz
porque sé que mi cuerpo
se empapará de ti.

Angelita Llris Aguilera

*
Tu saber es mi paraíso.
Mi atención es para tu voz.
Tu sonrisa es la semilla
de mi ilusión.
Tu presencia, en la niñez,
mi maestro, en el presente,
mi profesor.
Su presencia, ellos, ellas, tú.
La pizarra, las mesas,
las sillas y esa paloma
sin alas a la que tú
prestas tus manos.
Rincón, lugar que se llena
de cesuras, de metáforas,
sinónimos y antónimos,
de rimas y de leyendas.
Habitación donde el cerebro
se pone en movimiento para
crear nuevas historias.
Vocablos, palabras que saldrán
de mi boca, alborotadas y ligeras.
Éste es mi paraíso.
Así es mi paraíso.

Angelita Lloris Aguilera

*
Divino recuerdo: nostálgicos veranos en Prtmán. Caminando hacia la playa con mis hijos, pisando restos de minerales. Llegados a ella: nuestra barraca, con todo lo necesario para estar cómodos. Su gran toldo. La entonces gran bahía nos esperaba, con sus azules y calmadas aguas. Nadar hasta cansarse, remar con la barca hasta el faro, los mujoles saltando alrededor. La vuelta en coche.

Dora García Sánchez

*
Es mi hora divina,
camino entre las dunas hacia el mar,
en una suave mañana de verano,
soy consciente de mis pasos sobre la tierra dormida,
a pesar de la exhuberante vegetación que, generosa, regala
multitud de fragancias, formas y colores a mis sentidos.

Entre ellas,
como si de una mágica aparición se tratara,
veo un delicado lirio blanco que con dulzura
acaricia mi alma y me guía
al encuentro sagrado con el agua, origen de la vida.

En esta hora de la mañana el sol besa el mar
dotándolo de tonalidades místicas,
y una cálida estela dorada me invita
a su danza de libertad y dicha.

Unidos en dulce caricia Agua y Fuego, Fuego y Agua,
elementos que despiertan mi ancestral memoria:
a ellos me entrego toda
y, despojada de mis miedos,
gozo en el agua con la levedad de mi cuerpo
y la eterna gracia de la Luz,
alimento de mi alma.

Leonor Bru Sánchez

*
No anhelo la noche, ni el despertar de la mañana. Mi corazón está puesto en las tardes de primavera, que me invitan a caminar con los pies desnudos por la suave arena de la playa, y sentir de cerca el resplandor del sol acariciando mi rostro, haciéndome pasar a un mundo imaginario, lleno de fantasía y bellas cosas, perdiendo así el sentir del tiempo. Más tarde, alabrir los ojos lentamente, pongo la mirada en el horizonte, donde se juntan las aguas con el azul del cielo, entremezclando sus colores, haciéndolo una sola cosa, y creando un paisaje de una belleza infinita. En ese momento de paz y tranquilidad despierta mis oídos el susurro de las olas, haciéndome volver al mundo real. Entonces respiro fuerte, cogiendo fuerzas y aliento, a la espera de que llegue un nuevo atardecer.

Carmen Cobles Alonso

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Soy Manuel. Dirijo dos fábricas de historias, verdaderas y fantásticas, en Sagunto, una en el pueblo alto, en una antigua Guardería, y la otra en el Grao. Aquí vendrán, poco a poco.

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