Pelando la pava
Pelando la pava
*
--Hola, mi amor, ¿cómo estás?
--Pues ya ves, terminando de poner la mesa…
--Y esto ¿qué quiere decir? ¿Es un día especial?
--Ya ves el día que es…¿Lo has olvidado?
--Perdona, mi tesoro, ¡con tanto trabajo…!
--Pues para eso estoy yo, para no dejar pasar un aniversario.
--Si no fuera por ti no sé qué sería de mí.
--En eso tienes toda la razón, corazón, pero yo no pienso dejar que pase ninguna celebración.
Julia Martínez Monteagudo
*
--Hola, Mari, ¡cuántos días sin verte!
--Sólo he estado fuera unos días…
--Te he echado mucho de menos.
--Pues yo me lo he pasado tan bien que el tiempo se me ha hecho corto.
--Me lo imaginaba.
--Algunas veces sí te he echado a faltar, sobre todo en el baile de la plaza, cuando veía las parejas juntas, bailando, que me daban un poco de envidia.
--Eso no pasará más otra vez, que te marches. Iré yo contigo aunque tenga que mover cielo y tierra.
--Eso espero.
Mª Carmen Gimeno Gil
*
--¿Cómo estás, cielo mío?
--¿Tú qué crees? ¿Cómo voy a estar? Ansiosa ya, de esperarte tanto rato. Pues ¿no habíamos quedado para ir a bailar?
--Pues nos vamos enseguida. Pero primero yo quisiera que fuésemos a ver un poquito el fútbol. Sólo un ratito, y nos iremos enseguida, porque había quedado con mi hermano y con unos amigos.
--¡Eso sí que no! ¡Ni pensarlo!
--¡Cielo mío!
--Ni cielo ni nada…Es que siempre me toca a mí perder. Siempre hacemos lo que tú quieres. Pues hoy ¡a bailar o a casa!
María Merlos Torres
*
--¿Estás sola?
--Sí, cariño, pero espérate que me acicale, ¡no entres!
--¿Qué está sola, sol?
--Sí, sola…¡Ya voy!
--No esperaba verte hecho un desastre. ¿Es que ya no te importo?
--¿Qué no me importas? ¡Con las ganas que tenía de estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, contarte mis ilusiones y el sueño que tuve anoche…
--Venga, ¡cuéntame, que mi impaciencia ya raya en la locura.
--Los dos cabalgábamos en un corcel hacia un sitio lejano, donde pudiésemos estar solos los dos para hablar de nuestro amor, que es infinito…
Lola Máñez Morato
*
--¿Cómo estás, cielito?
--Yo bien, ¿y tú?
--Muy a gusto de estar a tu lado.
--Se me hace muy largo el tiempo cuando no estoy contigo.
--Y a mí también.
--Eres para mí como el aire que respiro, el agua que nace en el manantial, que corre y corre, cielito mío.
--Tú eres el sol, que calientas mis manos. Cógemelas, cariño.
Mª Ángeles Galarza Romero
*
--¿Vamos al cine?
--¿No íbamos al baile?
--¡Ya empezamos!
--¡Pues paseamos y no gastamos dinero!
--¡Ya lo sabía yo! ¡La cosa es no gastar ni una peseta!
--¿No estamos mejor los dos paseando y hablando de lo mucho que nos queremos?
--Sí…
Maruja Ariño Estada
*
--Hola, chatico, ¿qué has venido a por mí?
--¡Sí! ¿Quieres que vayamos al cine?
--No, quiero hablar de nuestras cosas…
--No querrás decirme que llevamos mucho tiempo festeando…
--Si, pero ¿tú me quieres?
--Mujer, ¿tú crees que después de tantos años no te voy a querer? Sí, te quiero, y además mucho.
--Bueno, pues hablemos de la boda…
Amparo Gómez Calvo
*
Idilio
Espero impaciente verte asomar por la calle soleada, quiero “robarle” un instante al tiempo y abrazarte; mas ya a mi lado apenas puedo articular palabra, y tú, mi cómplice, colmas con las tuyas mi esperanza.
--¡Hola, mi amor! Ahora voy corriendo a clase, después pasaré a buscarte como cada tarde.
--¡Sí! Yo estaré esperando el sonido de tus pasos acercarse.
--Caminaremos enlazados por el valle y veremos el sol ocultarse…
--…Y en la oscuridad de la tarde nos abrazaremos una vez más sin que nos vea nadie.
Leonor Bru Sánchez
*
--¡Caray con la peña, qué muermo, tía!
--Ya te digo…
--A mí al principio no me parecía mal.
--Depemde de cómo te lo montes.
--Cuando empezó diciendo que ella era inteligente, ya me cayó mal.
--¡Qué impertinente! ¿Verdad? Se cree una empollona y un bellezón.
--No es para tanto en ningún sentido.
--¿Eso ha sido un beso, cari? ¡No he sentido nada! Se nota que vas para anestesista…
--Repetición de la jugada…¿Sigues sin sentir nada?
--¡Cómo eres! Ahora te has pasado.
(Ella mira el cielo cubierto de nubes)
--Mira, cari, ¡nuestra estrella!
--¡Qué esmirriada es! ¡Y no hay ninguna otra a la vista! Este verano, en el pueblo de mi madre, se veían todas…
--¿Todas, cari?
--Bueno, las de este hemisferio. Ya sabes, la Vía Láctea y todo eso. Pero no pude ver ningún puto Agujero Negro, ni siquiera un Agujero Vacío.
--¿Crees que el universo es finito o infinito?
--No tengo ni puta idea. De todas formas, la teoría del Big Bang se contradice con la del Caos. De momento, unas teorías científicas están en desacuerdo con otras, así que cualquiera sabe. Además, mañana tengo mates, Gordi, y tú…
--Yo tengo la mañana libre.
Rafael González Marfil
*
--Hola, Marta.
--¡Jope, tío! ¿Es que no puedes ser puntual? ¡La próxima no te espero!
--¡Va, tía! No te mosquees. Es que, mi madre…
--¡Siempre te pasa algo! ¡Es igual! El Cristian y la Yessi han “pasao”, que van a su casa, que sus “viejos” “s’han pirao” y han “pillao” una “peli” de miedo. ¿Te mola?
--¡Vale! Pero antes nos vamos a la plaza un ratito.
--¡Deaguten! Pero a la Rodrigo, que está más oscura y no pasa nadie.
La oscura y silenciosa penumbra de la plaza acoge, en su banco más retirado, a dos jovenzuelos abrazados y pegados que descubren recíprocamente sus cuerpos y sus sentidos (besos, abrazos, achuchones que sustituyen caricias). Al cabo de unos minutos se despegan para tomar aire. Él, aturdido, pronuncia unas palabras.
--¿Te ha dicho algo la Lore, de quedar el sábado en la playa?
--Sí. “L’he dao” los dos euros tuyos para el botellón.
--Luego te los doy.
Fin del diálogo, más achuchones, besos (morreos de hoy en día).
Dos jóvenes de hoy que “tienen un rollo” (antaño decíamos que “pelaban la pava”).
Rosa María Gascón Ruiz Azagra
*
Maruja sale de casa, y en la esquina encuentra a sus tres amigas, Amparo, Carmen y Rosa.
--¡Hola! ¿Qué tal? –dice Maruja--. ¿Qué pasa? ¿De qué habláis?
--Pues mira –dice Rosa--, de todo un poco. Estamos pelando de todo lo que pasa. De las elecciones…
--¿Tú sabes lo que está pasando Cecilia? –dice Carmen. Con lo enamorada que está de Alfredo, se separan. Ella quiere tener un hijo, y él la rechaza, y no quiere hacer el acto sexual con ella, y tiene una amante.
--Y ¿de vuestra vida y de la mía, de qué habláis?
--De ti, que quieres adquirir más cultura…¿No tienes bastante con los años de colegio que hiciste? –dice Amparo--. Ven con nosotras y verás qué bien lo pasas, a cada persona que pasa por aquí le sacamos cosas de su vida y lo pasamos muy bien. Luego, por la tarde, nos reunimos las tres en una casa y jugamos al parchís y a las cartas.
--Como no tenemos marido, las tres divorciadas, y nuestros hijos cada uno hace su vida, no como tú, que estás acompañada, con un hombre que te quiere y dos hijos, que estáis preocupados en sus estudios...
--Lo siento –dice Maruja--, pero no puedo compartir mi vida con vosotras. El poco tiempo que me queda después de mis obligaciones de casa voy a la E.P.A., con Manuel, que nos inculca mucha cultura, que a mí me falta.
Las tres se han quedado pensativas. De pronto Amparo dice:
--¿Qué os parece si nosotras fuéramos también a la E.P.A.?
--Nos parece muy bien, y has despertado en nosotras el deseo de más cultura.
--Mañana –dicen las tres—vamos a matricularnos para ir a la clase de Manuel.
Carmen Senent Llácer
*
--Hola, ¿qué tal?
--Hola.
--¿Me conoces?
--Pues no tengo el gusto.
--¿No te acuerdas cuando nos presentaron?
--¿Cuándo? No recuerdo.
--Yo soy Miguel, el de la camioneta verde. ¿Recuerdas?
--Ahora sí. Perdona, no te había reconocido. ¡Como entonces ibas de faena! Hoy estás más elegante. Aquel día también llevabas gafas.
--Sí, creo que sí. ¿Puedo sentarme?
--Claro que sí, por favor. Perdona. ¿hace mucho que estás aquí? Porque vives fuera, ¿verdad?
--Así es, he venido esta mañana, y como me sobra tiempo me he dicho, “voy a darme una vuelta”, y de casualidad te encuentro aquí.
--Me alegro de verte.
--¿Esperas a alguien?
--No, ya me iba.
--Entonces, si quieres, te puedes venir conmigo. Voy a visitar a un cliente que tiene una granja, y como me debe dinero, voy a ver su le cobro.
--Creo que no estará bien visto que vaya contigo.
--No te preocupes. ¡Viniendo conmigo…!
--Como quieras.
Llegaron a la granja, y como siempre allí estaba el granjero muy atareado. Tenía centenares de pavos y gallinas, y como es natural se sorprendió al ver tal visita.
--Hola, buenas tardes, ¿qué tal? No le esperaba, la verdad.
--Le presento a mi novia, Cristina.
--Hola. Es muy bonita. ¿Qué le trae por aquí?
--Pues como usted comprenderá vengo a cobrar lo que me adeuda.
--Pues lo siento, hijo, pero como verá, llevamos mala racha y no se venden los pavos. ¡Como no quieras llevarte alguno! Lo qe es dinero, lo tengo mal…
--Está bien, me llevaré algún pavo, pero esto me servirá de escarmiento.
Cuando salieron a la calle Cristina estaba furiosa.
--¡Mira que decir que soy tu novia!
--No te enfades, pero me ha salido espontáneo, y es que así lo siento. ¡Si tú quieres…!
Le cogió las manos y, mirándola a los ojos, le dijo lo mucho que la quería. Cristina cerró los ojos y se fundieron en un fuerte abrazo, seguido de un beso interminable. La pava la pelarían después.
Consuelo Jerea
*
Recuerdo una anécdota de pequeña. A la salida del colegio había un parque cercano, donde nos reuníamos un pequeño grupo de chicas y chicos para jugar, pero aquel día, Pablo y Susi no vinieron y yo pregunté por ellos. El resto del grupo se miraban unos a otros con una sonrisa burlona, y no me contestaron. Entonces Carlos me dijo: “Se han ido a pelar la pava.”
Al llegar a casa le pregunté a mi madre qué era eso de pelar la pava. Me dijo que me sentara a la vez que ella también lo hacía y tranquilamente me explicó todo el proceso. Al llegar la navidad, mi padre y ella salían al corral para elegir al pavo más pavo y presumido de todos. Acto seguido mi padre entraba en acción, le cortaba el cuello al pobre animal, después lo introducia en un caldero de agua hirviendo, de esta forma era más fácil de pelar. Seguidamente, Mercedes y Juani, mis hermanas, se sentaban delante de un ventanal enorme con vistas a la calle, se preparaban a desplumarlo y, a la vez, cotorreaban con todos los que pasaban por allí en ese momento. Luego mi madre lo abría en canal para meterle dentro no sé cuántas cosas, y al horno. De esta forma terminaba: Felipe, que así se llamaba el pavo, presidiendo nuestra esperada cena de navidad, en la que nos reuníamos toda la familia.
Y digo yo, ¿qué tenía que ver esta historia con pablo y Susi? No me los puedo imaginar de ninguna manera haciendo ese proceso, para pelar la pava.
Ahora digo que para pelar la pava la gente no se complica la vida, cualquier momento es bueno, en el cine,en la playa, paseando en una barquita de remos a la luz de la luna, o cogidos de la mano, mirándose a los ojos, o susurrándose al oído. Cualquier lugar, o a la hora que sea. Lo que verdaderamente importa es estar con la persona adecuada, pasarlo bien y disfrutar del momento.
Carmen Cobles Alonso
*
Careo de amores…
--¡Qué…!
--Bien, ¿qué?
--Bien ná…
--Ya estamos con “puntaditas”.
--Puntaditas…las que acabo yo de dar
en las sábanas que pronto
nos van a ti y a mí a tapar.
--¿Cómo? ¿Qué?
--Como que pronto nos vamos
tú y yo a casar.
--¡Ah…! Bien.
--Bien, ¿qué?
--Bien, ná.
Rita Castañón Díaz
*
Este diálogo, corto y sencillo, pero a la vez auténtico y colmado de ternura, surge de la magia y el encantamiento entre dos personas que manifiestan estar enamoradas.
-¡Hola amor!
-¡¡Hola!!
-¡Qué bonita estás hoy! Como el sol, brillante y reluciente.
-¡Gracias!.Tus palabras me han alegrado el día.
-Es que nunca me cansaré de decírtelo. Me agrada decírtelo
-Y a mí me hace muy feliz el escuchar cómo me lo dices.
-¡¡¡Razón tengo para estar enamorado de ti hasta el final de mis días!!!!
Ojalá que en el mundo nunca se dejen de escuchar palabras de ternura y amor y que el respeto y la dignidad humana sean un emblema que se porte en las almas y en los corazones de todo ser humano.
Patricia Fazio
