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Señor, a diario, cuando levanto mis ojos al cielo, y contemplo la grandiosidad de tu obra, te doy gracias.
Soy feliz, porque me has enseñado a contemplar la pequeñez de las cosas, que son las que en realidad son las grandiosas. A través de ello recobro la tranquilidad y puedo saborear su esencia.
Camino…que día tras días, Señor, yo quiero recorrer con tu ayuda.

Antonia Graullera Huerta

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Señor, te escribo esta carta para darte las gracias por todo lo que das en la vida y para seguir pidiéndote salud para todos los míos, espero sigas respondiéndome como hasta ahora.
Señor, acuérdate de todos los que te necesitan, dales una luz de esperanza.

Mary Carmen Bru Batalla

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Señor Dios, te escribo esta carta aunque sea para desahogarme, porque sé que tú lo ves todo. Yo me encuentro muy a gusto con los de mi casa, aunque a veces peleo mucho con todos. Quisiera que me los cuidaras a todos y los guiaras por buen camino.
Sin nada más que decirte se despide ésta que mucho te quiere.

Fina Ruiz Gómez

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Me dicen que me dirija a Dios. La verdad es que para un no creyente es difícil. Hace años que yo creía con él; pero ahora, después de mucho leer y aprender de la vida, he llegado al convencimiento de que no existe. Ahora bien, yo, como he llegado a esta situación, no por fanatismo político, sino por convicción personal, respeto a todos aquellos que creen de verdad en él, y les animo a que sigan creyendo. No descarto, por supuesto, que Dios exista. Si es verdad, creo que yo no seré de los más malos.

Miguel Albert Castelló

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¿Qué tal? Espero que te guste saber de mí. Yo hace tiempo que no sé de ti, no te siento, ni me siento recordada. Es duro el día a día sabiendo que estás tan lejos, todo va porque tiene que ir, por eso deseo que te alegre mi carta y sepas que estoy aquí.

Rita Castañón Díaz

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Señor, si puedes verme ahora mismo, aquí estoy, escribiendo para ti, que todo lo sabes sobre mí. Soy feliz sintiendo tu presencia a mi lado y escuchando tu voz en lo profundo de mi alma. Ahora, como siempre, me abro a tu amor que todo lo colma.

Leonor Bru Sánchez

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Dios mío:
Tú ya sabes cómo soy. Conoces todos mis fallos. Quizá peco de despego a las cosas de la Iglesia y de los curas. Pero creo en ti. Confío en ti…sé que siempre estás a mi lado. Me has ayudado mucho, sobre todo en los momentos más difíciles. Todos me han dicho siempre que soy muy fuerte, pero no es mi fuerza, es la tuya la que me hace salir siempre adelante. Gracias, Señor.

Dora García Sánchez

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Hola, ¿cómo estás? Aún no puedo comprender cómo dicen que eres tan bueno, porque a mí me tienes harta. Si te llamo, no me contestas; si quiero verte, nunca vienes. Además, siempre estás enfadado, eres como un niño malcriado. A ver cuándo perdonarás y olvidarás y nos darás ejemplo a todos, no creo que nos merezcamos tanto mal. Yo, a mi hijo, le enseño a perdonar y respetar.
Hasta la vista, si tú quieres.

Angelita Lloris Aguilera

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A Dios, mi Señor:
Me gustaría saber cómo es el firmamento, ya sé que es inmenso, pero, ¿qué es inmenso? También me gustaría saber cómo es el infierno. Dicen que está lleno de fuego y de calderas, eso he oído siempre, las calderas de Pedro Botero, pero ¡ojo!, no tengo ninguna prisa en descubrirlo, ¿sabes? Mi Señor, conociéndote a ti, me sobra todo lo demás, porque tú, mi Señor, y Dios de todo lo creado, eres lo más importante. De todas formas, aquí en la tierra tampoco lo conozco todo, porque es inmensamente imposible, sobre todo sin tu ayuda…

Consuelo Jerea Hernández

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¿Qué quieres? Llevan una eternidad esperando respuestas y de momento sólo tienen una: silencio. Un silencio doloroso, sobre todo porque es el nombre de la nada. La nada y el silencio: nunca mejor conjunción. Esperanza, ¿para quién? ¿Quién inventó esa palabra? Porque para ellos es eso: nada más que una palabra. Algún día alguien se sacará de la manga otro “palabro” para engañarles y seguirán esperando ¡con esperanza!

Marga Cristóbal Tamargo