horas divinas
Todos, lo mismo que Juan Ramón Jiménez, tenemos nuestra "hora divina":
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Mi hora divina es en verano, cuando termino mis tareas cotidianas después de comer. A la hora de la siesta me tumbo en la hamaca y me relajo, y duermo la siesta en la terraza de mi caseta del monte.
Fina Mena Rico
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Mi hora divina es el otoño, a las nueve de la noche, cuando termino de cenar y estoy relajada y me pongo a hacer mis deberes o leer o hacer labor. Yo me quedo en la cocina y no me molesta nadie, y es el rato que más a gusto estoy.
Fina Ruiz Gómez
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En verano, en el monte, por la mañana, a las siete, desayunando en la terraza de mi casa, viendo el paisaje, los conejos, los pájaros y, a lo lejos, Sagunto, las murallas, el Castillo que tanto admiro y estimo…Es un momento de paz y felicidad.
Maruja Ariño y Estada
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Mi hora divina es en verano, sobre las seis de la tarde, en la orilla de la playa, tumbarme sobre la arena y notar el olor del agua, el ruido de las olas y el sol que ya no calienta tanto, me quedo relajada hasta llegar a dormirme y siento un placer muy grande, que me gustaría no despertar.
Mª Carmen Gimeno Gil
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Mi hora divina es el verano, los domingos, a las dos o las tres de la tarde, cuando termino de hacer la paella y nos sentamos toda la familia alrededor de la mesa y me dicen, “Mamá, ¡qué buena está hoy, te ha salido mejor que la semana pasada!” Entonces es mi hora divina.
Pilar Sancho Villaplana
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A principios de verano, sobre las cuatro de la tarde. Todos hemos terminado de comer, y después de recoger la mesa y arreglar la cocina me siento en la terraza y estoy tranquila y relajada, y estoy muy a gusto leyendo algún libro o simplemente hablando con los míos. Ésa es mi hora divina.
Luisa Lázaro García
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Mi hora divina es en verano, a las siete y media u ocho de la mañana. Me encanta, pues me voy a caminar a la playa y no hay casi nadie, y oyes el ruido de las olas, y esos rayos de sol que penetran sin quemarte, es algo que me encanta, y das un paseo y otro y otro sin cansarte y, cuando has caminado lo suficiente, te tumbas un ratito y te relajas, y ese rato es mi hora divina.
María Merlos Torres
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Efectivamente, las mañanas de verano, a la hora del paseo, cuando las olas rompen a mis pies, voy observando qué día el mar tiene. A través de él compruebo que tiene las mismas reaaciones que las personas. Por la tarde, ya relajada, y con el canto de los pájaros y el movimiento de los pinos, nuevamente quedo extasiada.
Antonia Graullera Huerta
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Mi hora divina siempre ha sido el amanecer. Siempre, para mí, todo empieza con el día nuevo. Es como si mi vida tuviera el poder de aparecerse sin recuerdos tristes, sin culpa ninguna, sin enfermedad, sin mis propios límites, como si todo fuera posible. Tengo una energía primitiva, sin manchas, sin agujero negro.
La luz es la de la infancia, juvenil, ligera, sencilla, co cariño para las flores que despiertan, y para nosotros, los seres humanos, que volvemos a hacer de nuevo aquello en lo que consisten nuestras vidas.
Mi hora divina se despliega mejor con la primavera, cuando todo está fresco, con puros colores, casi acaba de nacer. Esta alegría humilde de los que abren sus ojos por primera vez es esperanza, perdón, confianza y una sonrisa a la vida.
Josephine Fourcaud
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Mis horas divinas son los amaneceres de mayo, cuando abro mis ventanas y los pájaros cantan y revuelan por toda la calle, y me llega el perfume del azahar, y sus tardes maravillosas, si subes a las faldas del Castillo y ves el mar y la llanura de la huerta. Estas horas son mis horas de reflexión, horas mágicas.
Amparo Gómez Calvo
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Me encuentro en la primavera, que es la época del año que más me gusta, sobre todo después de comer, te sientas un ratito en el sofá, te relajas con una buena música y te quedas traspuesta, no dormida, pues escuchas todo lo que ocurre a tu alrededor, pero aunque quieras no puedes abrir los ojos, pero sobre todo esa misma hora un domingo en el monte, cuando te tumbas en una hamaca, cierras los ojos y escuchas la brisa del viento y el canto de los pájaros y nadie te molesta, porque todos hacen lo mismo a tu alrededor. Cuando te levantas estás como nueva, muy relajada y muy alegre, ¡qué a gusto has estado ese rato!
Lola Ariño
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Para mí la estación más agradable es el verano, pues me paso prácticamente más horas en la playa que en casa, pues es el sitio que más me relaja, y la hora divina, pues es por la mañana temprano, cuando no hay gente en la playa y sale el sol, ero sobre todo la hora que más me gusta es al atardecer el ruido de las olas, el olor del mar, es el momento que nunca dejaría la playa, y esto no es de ahora, sino de siempre. ¡Es una melancolía cuando llega mediados de septiembre y pienso, esto ya se termina, salud que tenga para el año que viene!, y así año tras año quiero seguir haciendo lo mismo, disfrutar de esta playa.
Julia Martínez Monteagudo
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Mi hora divina suele ser en el verano por la mañana, después del desayuno, disfrutando del paisaje en el monte, que es donde suelo pasar el verano, y entre los pinos vemos cómo bajan las ardillas jugando una parejita en los troncos, y verdaderamente se disfruta, aunque las veas todos los días, y el paisaje sea siempre el mismo.
También los días de lluvia son encantadores a todas horas. El olor de los pinos y la tierra es algo increíble, y no lo puedo explicar tal y como lo siento, es un gran disfrute viendo los relámpagos y oyendo los truenos.
Lola Máñez Morata
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Es para mí el verano una estación maravillosa. Me encanta el amanecer, pues es por la mañana cuando me encuentro con más ganas de hacer las tareas del hogar y escuchar temprano el canto de los pajaritos y el olor a pinos, me resulta encantador, pues suelo estar viviendo en el monte en los meses estivales.
Amparo Gil Llorens
