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La Coctelera

otro panal de historias

17 Noviembre 2007

otros dos amores infantiles

*
Marta mira a los niños jugueteando en el patio. Es la hora del recreo. El sol otoñal calienta su espalda mientras está pendiente de los niños. Al fondo, ve a Jorge y Raquel, juntos como siempre, ignorando al resto de sus compañeros La niña intenta quitarse de la cabeza una hoja desprendida de un árbol, pero Jorge le hace un gesto como diciendo, “yo te la quito”.
Marta sonríe mirando a la pequeña parejita. De súbito, viene a su mente una escena similar ocurrida muchos años antes. Se ve en un patio distinto a éste. José le está quitando una brizna de hierba adherida a su rubio pelo. Ella tiene siete años, él nueve.
El patio de la casa está lleno de flores y plantas, es la delicia de todos los que lo ven. Mamá sale con dos ricos bocadillos de Nocilla, le da uno a cada niño y vuelve a sus labores.
Jose es su “novio” casi desde que nació, sus respectivos papás son amigos y vecinos, y ellos han crecido juntos. Él le ayuda a hacer los deberes, la recoge a la salida de clase, la defiende a capa y espada cuando algún revoltoso niño se mete con ella. Es su paladín.
De vez en cuando le dice mirándola muy seriamente: “¿Verdad que siempre estaremos juntos? Yo no quiero que seas novia de otro, y a lo mejor tú, cuando seamos mayores, te vas con otro más guapo que yo y me dejas a mí.” Ella lo mira y lo vuelve a mirar, mientras le contesta sonriendo: “No hay nadie más guapo que tú, de verdad te lo digo, si quieres te lo juro, no quiero otro novio, cuando seamos mayores nos casaremos y yo les daré bocadillos de Nocilla a nuestros hijos. Igual que hace ahora mi mamá.” “Vale”, dice Jose, “pero ahora me has de dar un beso de cine, y así es como ya seremos novios para siempre.” Marta acerca su boca a la de Jose y pega su pequeña boquita sobre los labios de él.
Suena una sirena. El recreo ha terminado. Los ojos de la maestra se dirigen a Jorge y Raquel y ve que en aquel momento la niña une sus labios a los de su enamorado.
Una sonrisa se refleja en los ojos de Marta. Ha sido bonito revivir aquel recuerdo. ha vuelto a sentir, a través de aquellos pequeños, la ilusión lejana que sintieron ella y su marido cuando se “comprometieron” con un beso de cine, en un hermoso patio lleno de flores y plantas.

Carmen Adelantado Castillo

*
Dicen que el amor no tiene edad.
No sé, será verdad…
Pero ¿qué amor?
Porque ¡te puedes enamorar de tantas cosas!
De un arroyo, de una fuente, de un manantial…
¡de tantas cosas!
Del viento, del mar, de la luna, del sol,
de una hormiga cuando la ves caminar,
se cruzan unas con otras
y se besan,
pero ninguna se detiene,
todas siguen su camino,
todas saben dónde van.
Yo me enamoro de todo,
o de nada, que sé yo.
¡Me enamoré tan fuerte
cuando tenía la edad…!
¡Pero duró tan poco
que aquella llama quedó en cenizas
y ya no ha brillado más,
se me fue al más allá!
Yo me enamoro de todo de nada,
del viento, de la luna y del mar,
de una puesta de sol
y de un gran despertar.

Consuelo Jerea

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Soy Manuel. Dirijo dos fábricas de historias, verdaderas y fantásticas, en Sagunto, una en el pueblo alto, en una antigua Guardería, y la otra en el Grao. Aquí vendrán, poco a poco.

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