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La Coctelera

otro panal de historias

1 Diciembre 2007

Todavía más horas divinas

*
Horas divinas…
Me gustan las tardes de primavera, cuando mis ocupaciones terminan y puedo retirarme a mi habitación personal. La temperatura normalmente es suave es esta época del año, y permite vestirse con ropa cómoda y agradable. Abro la ventana y todo el perfume de azahar de los campos vecinos inunda mi estancia, mientras el rumor del mar llega a mis oídos con su incesante ir y venir en la playa próxima.
Me siento cómodamente delante de mi mesa y me quedo quieto unos minutos: necesito relajarme, dar descanso a mi cuerpo y dejar paso a mis pasiones internas. Miro a mi alrededor, satisfecho de este ambiente que me permite disfrutar de estos instantes. Frente amí, la ventana abierta al mundo de mi ordenador parece dormir, toda negra y silenciosa. A estas horas prefiero la ventana de las palabras escritas que me trasladan al mundo de los sueños. Más arriba, cubriendo las paredes, copias de pergaminos egipcios, de faraones muertos hace miles de años, de recuerdos de mis viajes, de fotos de mis seres queridos…Detrás de mí, en una gran estantería, mis libros esperan ansiosos la caricia de mis manos. Unos son jóvenes, recientes; otros me acompañan desde siempre, desde que, siendo todavía un niño, contraje esa enfermedad maravillosa que es la pasión por la lectura.
Abro un libro y empiezo a leer. Es en este momento cuando se produce el milagro de ver, no con los ojos, sino con la imaginación. Y los sueños, relatos, historias, personas, paisajes, van pasando ante mi mente ansiosa, a través de las palabras del autor, mientras el sol se escapa tras los montes enrojecidos y llega la noche dulce y melancólica.
Ésta es mi hora divina…mágica…Cuando los sueños parecen estar más cerca de mí que nunca…

Miguel Albert Castelló

*
Todo tiene su fin

Lluvia, maná del cielo
que mi alma necesita.
Perlas incoloras caen
dejando libre volar
el suspiro que, preso,
vive en mí.
El cielo dibuja formas
que mi mente esculpe
con el pincel de mis
sueños. Veo ángeles,
fantasmas celestes que,
convertidos en lluvia,
caen sobre mí.
¿Niño, estás en el limbo?
Sangre de mis venas,
carne de mi cuerpo,
formas parte del Universo.
Cada célula de ti es lluvia.
El cielo está gris
y yo soy feliz
porque sé que mi cuerpo
se empapará de ti.

Angelita Llris Aguilera

*
Tu saber es mi paraíso.
Mi atención es para tu voz.
Tu sonrisa es la semilla
de mi ilusión.
Tu presencia, en la niñez,
mi maestro, en el presente,
mi profesor.
Su presencia, ellos, ellas, tú.
La pizarra, las mesas,
las sillas y esa paloma
sin alas a la que tú
prestas tus manos.
Rincón, lugar que se llena
de cesuras, de metáforas,
sinónimos y antónimos,
de rimas y de leyendas.
Habitación donde el cerebro
se pone en movimiento para
crear nuevas historias.
Vocablos, palabras que saldrán
de mi boca, alborotadas y ligeras.
Éste es mi paraíso.
Así es mi paraíso.

Angelita Lloris Aguilera

*
Divino recuerdo: nostálgicos veranos en Prtmán. Caminando hacia la playa con mis hijos, pisando restos de minerales. Llegados a ella: nuestra barraca, con todo lo necesario para estar cómodos. Su gran toldo. La entonces gran bahía nos esperaba, con sus azules y calmadas aguas. Nadar hasta cansarse, remar con la barca hasta el faro, los mujoles saltando alrededor. La vuelta en coche.

Dora García Sánchez

*
Es mi hora divina,
camino entre las dunas hacia el mar,
en una suave mañana de verano,
soy consciente de mis pasos sobre la tierra dormida,
a pesar de la exhuberante vegetación que, generosa, regala
multitud de fragancias, formas y colores a mis sentidos.

Entre ellas,
como si de una mágica aparición se tratara,
veo un delicado lirio blanco que con dulzura
acaricia mi alma y me guía
al encuentro sagrado con el agua, origen de la vida.

En esta hora de la mañana el sol besa el mar
dotándolo de tonalidades místicas,
y una cálida estela dorada me invita
a su danza de libertad y dicha.

Unidos en dulce caricia Agua y Fuego, Fuego y Agua,
elementos que despiertan mi ancestral memoria:
a ellos me entrego toda
y, despojada de mis miedos,
gozo en el agua con la levedad de mi cuerpo
y la eterna gracia de la Luz,
alimento de mi alma.

Leonor Bru Sánchez

*
No anhelo la noche, ni el despertar de la mañana. Mi corazón está puesto en las tardes de primavera, que me invitan a caminar con los pies desnudos por la suave arena de la playa, y sentir de cerca el resplandor del sol acariciando mi rostro, haciéndome pasar a un mundo imaginario, lleno de fantasía y bellas cosas, perdiendo así el sentir del tiempo. Más tarde, alabrir los ojos lentamente, pongo la mirada en el horizonte, donde se juntan las aguas con el azul del cielo, entremezclando sus colores, haciéndolo una sola cosa, y creando un paisaje de una belleza infinita. En ese momento de paz y tranquilidad despierta mis oídos el susurro de las olas, haciéndome volver al mundo real. Entonces respiro fuerte, cogiendo fuerzas y aliento, a la espera de que llegue un nuevo atardecer.

Carmen Cobles Alonso

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1 Diciembre 2007

Carta a don Dios


*
Señor, a diario, cuando levanto mis ojos al cielo, y contemplo la grandiosidad de tu obra, te doy gracias.
Soy feliz, porque me has enseñado a contemplar la pequeñez de las cosas, que son las que en realidad son las grandiosas. A través de ello recobro la tranquilidad y puedo saborear su esencia.
Camino…que día tras días, Señor, yo quiero recorrer con tu ayuda.

Antonia Graullera Huerta

*
Señor, te escribo esta carta para darte las gracias por todo lo que das en la vida y para seguir pidiéndote salud para todos los míos, espero sigas respondiéndome como hasta ahora.
Señor, acuérdate de todos los que te necesitan, dales una luz de esperanza.

Mary Carmen Bru Batalla

*
Señor Dios, te escribo esta carta aunque sea para desahogarme, porque sé que tú lo ves todo. Yo me encuentro muy a gusto con los de mi casa, aunque a veces peleo mucho con todos. Quisiera que me los cuidaras a todos y los guiaras por buen camino.
Sin nada más que decirte se despide ésta que mucho te quiere.

Fina Ruiz Gómez

*
Me dicen que me dirija a Dios. La verdad es que para un no creyente es difícil. Hace años que yo creía con él; pero ahora, después de mucho leer y aprender de la vida, he llegado al convencimiento de que no existe. Ahora bien, yo, como he llegado a esta situación, no por fanatismo político, sino por convicción personal, respeto a todos aquellos que creen de verdad en él, y les animo a que sigan creyendo. No descarto, por supuesto, que Dios exista. Si es verdad, creo que yo no seré de los más malos.

Miguel Albert Castelló

*
¿Qué tal? Espero que te guste saber de mí. Yo hace tiempo que no sé de ti, no te siento, ni me siento recordada. Es duro el día a día sabiendo que estás tan lejos, todo va porque tiene que ir, por eso deseo que te alegre mi carta y sepas que estoy aquí.

Rita Castañón Díaz

*
Señor, si puedes verme ahora mismo, aquí estoy, escribiendo para ti, que todo lo sabes sobre mí. Soy feliz sintiendo tu presencia a mi lado y escuchando tu voz en lo profundo de mi alma. Ahora, como siempre, me abro a tu amor que todo lo colma.

Leonor Bru Sánchez

*
Dios mío:
Tú ya sabes cómo soy. Conoces todos mis fallos. Quizá peco de despego a las cosas de la Iglesia y de los curas. Pero creo en ti. Confío en ti…sé que siempre estás a mi lado. Me has ayudado mucho, sobre todo en los momentos más difíciles. Todos me han dicho siempre que soy muy fuerte, pero no es mi fuerza, es la tuya la que me hace salir siempre adelante. Gracias, Señor.

Dora García Sánchez

*
Hola, ¿cómo estás? Aún no puedo comprender cómo dicen que eres tan bueno, porque a mí me tienes harta. Si te llamo, no me contestas; si quiero verte, nunca vienes. Además, siempre estás enfadado, eres como un niño malcriado. A ver cuándo perdonarás y olvidarás y nos darás ejemplo a todos, no creo que nos merezcamos tanto mal. Yo, a mi hijo, le enseño a perdonar y respetar.
Hasta la vista, si tú quieres.

Angelita Lloris Aguilera

*
A Dios, mi Señor:
Me gustaría saber cómo es el firmamento, ya sé que es inmenso, pero, ¿qué es inmenso? También me gustaría saber cómo es el infierno. Dicen que está lleno de fuego y de calderas, eso he oído siempre, las calderas de Pedro Botero, pero ¡ojo!, no tengo ninguna prisa en descubrirlo, ¿sabes? Mi Señor, conociéndote a ti, me sobra todo lo demás, porque tú, mi Señor, y Dios de todo lo creado, eres lo más importante. De todas formas, aquí en la tierra tampoco lo conozco todo, porque es inmensamente imposible, sobre todo sin tu ayuda…

Consuelo Jerea Hernández

*
¿Qué quieres? Llevan una eternidad esperando respuestas y de momento sólo tienen una: silencio. Un silencio doloroso, sobre todo porque es el nombre de la nada. La nada y el silencio: nunca mejor conjunción. Esperanza, ¿para quién? ¿Quién inventó esa palabra? Porque para ellos es eso: nada más que una palabra. Algún día alguien se sacará de la manga otro “palabro” para engañarles y seguirán esperando ¡con esperanza!

Marga Cristóbal Tamargo

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1 Diciembre 2007

Pelando la pava


Pelando la pava

*
--Hola, mi amor, ¿cómo estás?
--Pues ya ves, terminando de poner la mesa…
--Y esto ¿qué quiere decir? ¿Es un día especial?
--Ya ves el día que es…¿Lo has olvidado?
--Perdona, mi tesoro, ¡con tanto trabajo…!
--Pues para eso estoy yo, para no dejar pasar un aniversario.
--Si no fuera por ti no sé qué sería de mí.
--En eso tienes toda la razón, corazón, pero yo no pienso dejar que pase ninguna celebración.

Julia Martínez Monteagudo

*
--Hola, Mari, ¡cuántos días sin verte!
--Sólo he estado fuera unos días…
--Te he echado mucho de menos.
--Pues yo me lo he pasado tan bien que el tiempo se me ha hecho corto.
--Me lo imaginaba.
--Algunas veces sí te he echado a faltar, sobre todo en el baile de la plaza, cuando veía las parejas juntas, bailando, que me daban un poco de envidia.
--Eso no pasará más otra vez, que te marches. Iré yo contigo aunque tenga que mover cielo y tierra.
--Eso espero.

Mª Carmen Gimeno Gil

*
--¿Cómo estás, cielo mío?
--¿Tú qué crees? ¿Cómo voy a estar? Ansiosa ya, de esperarte tanto rato. Pues ¿no habíamos quedado para ir a bailar?
--Pues nos vamos enseguida. Pero primero yo quisiera que fuésemos a ver un poquito el fútbol. Sólo un ratito, y nos iremos enseguida, porque había quedado con mi hermano y con unos amigos.
--¡Eso sí que no! ¡Ni pensarlo!
--¡Cielo mío!
--Ni cielo ni nada…Es que siempre me toca a mí perder. Siempre hacemos lo que tú quieres. Pues hoy ¡a bailar o a casa!

María Merlos Torres

*
--¿Estás sola?
--Sí, cariño, pero espérate que me acicale, ¡no entres!
--¿Qué está sola, sol?
--Sí, sola…¡Ya voy!
--No esperaba verte hecho un desastre. ¿Es que ya no te importo?
--¿Qué no me importas? ¡Con las ganas que tenía de estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, contarte mis ilusiones y el sueño que tuve anoche…
--Venga, ¡cuéntame, que mi impaciencia ya raya en la locura.
--Los dos cabalgábamos en un corcel hacia un sitio lejano, donde pudiésemos estar solos los dos para hablar de nuestro amor, que es infinito…

Lola Máñez Morato

*
--¿Cómo estás, cielito?
--Yo bien, ¿y tú?
--Muy a gusto de estar a tu lado.
--Se me hace muy largo el tiempo cuando no estoy contigo.
--Y a mí también.
--Eres para mí como el aire que respiro, el agua que nace en el manantial, que corre y corre, cielito mío.
--Tú eres el sol, que calientas mis manos. Cógemelas, cariño.

Mª Ángeles Galarza Romero

*
--¿Vamos al cine?
--¿No íbamos al baile?
--¡Ya empezamos!
--¡Pues paseamos y no gastamos dinero!
--¡Ya lo sabía yo! ¡La cosa es no gastar ni una peseta!
--¿No estamos mejor los dos paseando y hablando de lo mucho que nos queremos?
--Sí…

Maruja Ariño Estada

*
--Hola, chatico, ¿qué has venido a por mí?
--¡Sí! ¿Quieres que vayamos al cine?
--No, quiero hablar de nuestras cosas…
--No querrás decirme que llevamos mucho tiempo festeando…
--Si, pero ¿tú me quieres?
--Mujer, ¿tú crees que después de tantos años no te voy a querer? Sí, te quiero, y además mucho.
--Bueno, pues hablemos de la boda…

Amparo Gómez Calvo

*
Idilio

Espero impaciente verte asomar por la calle soleada, quiero “robarle” un instante al tiempo y abrazarte; mas ya a mi lado apenas puedo articular palabra, y tú, mi cómplice, colmas con las tuyas mi esperanza.
--¡Hola, mi amor! Ahora voy corriendo a clase, después pasaré a buscarte como cada tarde.
--¡Sí! Yo estaré esperando el sonido de tus pasos acercarse.
--Caminaremos enlazados por el valle y veremos el sol ocultarse…
--…Y en la oscuridad de la tarde nos abrazaremos una vez más sin que nos vea nadie.

Leonor Bru Sánchez

*
--¡Caray con la peña, qué muermo, tía!
--Ya te digo…
--A mí al principio no me parecía mal.
--Depemde de cómo te lo montes.
--Cuando empezó diciendo que ella era inteligente, ya me cayó mal.
--¡Qué impertinente! ¿Verdad? Se cree una empollona y un bellezón.
--No es para tanto en ningún sentido.
--¿Eso ha sido un beso, cari? ¡No he sentido nada! Se nota que vas para anestesista…
--Repetición de la jugada…¿Sigues sin sentir nada?
--¡Cómo eres! Ahora te has pasado.
(Ella mira el cielo cubierto de nubes)
--Mira, cari, ¡nuestra estrella!
--¡Qué esmirriada es! ¡Y no hay ninguna otra a la vista! Este verano, en el pueblo de mi madre, se veían todas…
--¿Todas, cari?
--Bueno, las de este hemisferio. Ya sabes, la Vía Láctea y todo eso. Pero no pude ver ningún puto Agujero Negro, ni siquiera un Agujero Vacío.
--¿Crees que el universo es finito o infinito?
--No tengo ni puta idea. De todas formas, la teoría del Big Bang se contradice con la del Caos. De momento, unas teorías científicas están en desacuerdo con otras, así que cualquiera sabe. Además, mañana tengo mates, Gordi, y tú…
--Yo tengo la mañana libre.

Rafael González Marfil

*
--Hola, Marta.
--¡Jope, tío! ¿Es que no puedes ser puntual? ¡La próxima no te espero!
--¡Va, tía! No te mosquees. Es que, mi madre…
--¡Siempre te pasa algo! ¡Es igual! El Cristian y la Yessi han “pasao”, que van a su casa, que sus “viejos” “s’han pirao” y han “pillao” una “peli” de miedo. ¿Te mola?
--¡Vale! Pero antes nos vamos a la plaza un ratito.
--¡Deaguten! Pero a la Rodrigo, que está más oscura y no pasa nadie.
La oscura y silenciosa penumbra de la plaza acoge, en su banco más retirado, a dos jovenzuelos abrazados y pegados que descubren recíprocamente sus cuerpos y sus sentidos (besos, abrazos, achuchones que sustituyen caricias). Al cabo de unos minutos se despegan para tomar aire. Él, aturdido, pronuncia unas palabras.
--¿Te ha dicho algo la Lore, de quedar el sábado en la playa?
--Sí. “L’he dao” los dos euros tuyos para el botellón.
--Luego te los doy.
Fin del diálogo, más achuchones, besos (morreos de hoy en día).
Dos jóvenes de hoy que “tienen un rollo” (antaño decíamos que “pelaban la pava”).

Rosa María Gascón Ruiz Azagra

*
Maruja sale de casa, y en la esquina encuentra a sus tres amigas, Amparo, Carmen y Rosa.
--¡Hola! ¿Qué tal? –dice Maruja--. ¿Qué pasa? ¿De qué habláis?
--Pues mira –dice Rosa--, de todo un poco. Estamos pelando de todo lo que pasa. De las elecciones…
--¿Tú sabes lo que está pasando Cecilia? –dice Carmen. Con lo enamorada que está de Alfredo, se separan. Ella quiere tener un hijo, y él la rechaza, y no quiere hacer el acto sexual con ella, y tiene una amante.
--Y ¿de vuestra vida y de la mía, de qué habláis?
--De ti, que quieres adquirir más cultura…¿No tienes bastante con los años de colegio que hiciste? –dice Amparo--. Ven con nosotras y verás qué bien lo pasas, a cada persona que pasa por aquí le sacamos cosas de su vida y lo pasamos muy bien. Luego, por la tarde, nos reunimos las tres en una casa y jugamos al parchís y a las cartas.
--Como no tenemos marido, las tres divorciadas, y nuestros hijos cada uno hace su vida, no como tú, que estás acompañada, con un hombre que te quiere y dos hijos, que estáis preocupados en sus estudios...
--Lo siento –dice Maruja--, pero no puedo compartir mi vida con vosotras. El poco tiempo que me queda después de mis obligaciones de casa voy a la E.P.A., con Manuel, que nos inculca mucha cultura, que a mí me falta.
Las tres se han quedado pensativas. De pronto Amparo dice:
--¿Qué os parece si nosotras fuéramos también a la E.P.A.?
--Nos parece muy bien, y has despertado en nosotras el deseo de más cultura.
--Mañana –dicen las tres—vamos a matricularnos para ir a la clase de Manuel.

Carmen Senent Llácer

*
--Hola, ¿qué tal?
--Hola.
--¿Me conoces?
--Pues no tengo el gusto.
--¿No te acuerdas cuando nos presentaron?
--¿Cuándo? No recuerdo.
--Yo soy Miguel, el de la camioneta verde. ¿Recuerdas?
--Ahora sí. Perdona, no te había reconocido. ¡Como entonces ibas de faena! Hoy estás más elegante. Aquel día también llevabas gafas.
--Sí, creo que sí. ¿Puedo sentarme?
--Claro que sí, por favor. Perdona. ¿hace mucho que estás aquí? Porque vives fuera, ¿verdad?
--Así es, he venido esta mañana, y como me sobra tiempo me he dicho, “voy a darme una vuelta”, y de casualidad te encuentro aquí.
--Me alegro de verte.
--¿Esperas a alguien?
--No, ya me iba.
--Entonces, si quieres, te puedes venir conmigo. Voy a visitar a un cliente que tiene una granja, y como me debe dinero, voy a ver su le cobro.
--Creo que no estará bien visto que vaya contigo.
--No te preocupes. ¡Viniendo conmigo…!
--Como quieras.
Llegaron a la granja, y como siempre allí estaba el granjero muy atareado. Tenía centenares de pavos y gallinas, y como es natural se sorprendió al ver tal visita.
--Hola, buenas tardes, ¿qué tal? No le esperaba, la verdad.
--Le presento a mi novia, Cristina.
--Hola. Es muy bonita. ¿Qué le trae por aquí?
--Pues como usted comprenderá vengo a cobrar lo que me adeuda.
--Pues lo siento, hijo, pero como verá, llevamos mala racha y no se venden los pavos. ¡Como no quieras llevarte alguno! Lo qe es dinero, lo tengo mal…
--Está bien, me llevaré algún pavo, pero esto me servirá de escarmiento.
Cuando salieron a la calle Cristina estaba furiosa.
--¡Mira que decir que soy tu novia!
--No te enfades, pero me ha salido espontáneo, y es que así lo siento. ¡Si tú quieres…!
Le cogió las manos y, mirándola a los ojos, le dijo lo mucho que la quería. Cristina cerró los ojos y se fundieron en un fuerte abrazo, seguido de un beso interminable. La pava la pelarían después.

Consuelo Jerea

*
Recuerdo una anécdota de pequeña. A la salida del colegio había un parque cercano, donde nos reuníamos un pequeño grupo de chicas y chicos para jugar, pero aquel día, Pablo y Susi no vinieron y yo pregunté por ellos. El resto del grupo se miraban unos a otros con una sonrisa burlona, y no me contestaron. Entonces Carlos me dijo: “Se han ido a pelar la pava.”
Al llegar a casa le pregunté a mi madre qué era eso de pelar la pava. Me dijo que me sentara a la vez que ella también lo hacía y tranquilamente me explicó todo el proceso. Al llegar la navidad, mi padre y ella salían al corral para elegir al pavo más pavo y presumido de todos. Acto seguido mi padre entraba en acción, le cortaba el cuello al pobre animal, después lo introducia en un caldero de agua hirviendo, de esta forma era más fácil de pelar. Seguidamente, Mercedes y Juani, mis hermanas, se sentaban delante de un ventanal enorme con vistas a la calle, se preparaban a desplumarlo y, a la vez, cotorreaban con todos los que pasaban por allí en ese momento. Luego mi madre lo abría en canal para meterle dentro no sé cuántas cosas, y al horno. De esta forma terminaba: Felipe, que así se llamaba el pavo, presidiendo nuestra esperada cena de navidad, en la que nos reuníamos toda la familia.
Y digo yo, ¿qué tenía que ver esta historia con pablo y Susi? No me los puedo imaginar de ninguna manera haciendo ese proceso, para pelar la pava.
Ahora digo que para pelar la pava la gente no se complica la vida, cualquier momento es bueno, en el cine,en la playa, paseando en una barquita de remos a la luz de la luna, o cogidos de la mano, mirándose a los ojos, o susurrándose al oído. Cualquier lugar, o a la hora que sea. Lo que verdaderamente importa es estar con la persona adecuada, pasarlo bien y disfrutar del momento.

Carmen Cobles Alonso

*
Careo de amores…

--¡Qué…!
--Bien, ¿qué?
--Bien ná…
--Ya estamos con “puntaditas”.
--Puntaditas…las que acabo yo de dar
en las sábanas que pronto
nos van a ti y a mí a tapar.
--¿Cómo? ¿Qué?
--Como que pronto nos vamos
tú y yo a casar.
--¡Ah…! Bien.
--Bien, ¿qué?
--Bien, ná.

Rita Castañón Díaz

*
Este diálogo, corto y sencillo, pero a la vez auténtico y colmado de ternura, surge de la magia y el encantamiento entre dos personas que manifiestan estar enamoradas.

-¡Hola amor!
-¡¡Hola!!
-¡Qué bonita estás hoy! Como el sol, brillante y reluciente.
-¡Gracias!.Tus palabras me han alegrado el día.
-Es que nunca me cansaré de decírtelo. Me agrada decírtelo
-Y a mí me hace muy feliz el escuchar cómo me lo dices.
-¡¡¡Razón tengo para estar enamorado de ti hasta el final de mis días!!!!

Ojalá que en el mundo nunca se dejen de escuchar palabras de ternura y amor y que el respeto y la dignidad humana sean un emblema que se porte en las almas y en los corazones de todo ser humano.

Patricia Fazio

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20 Noviembre 2007

horas divinas

Todos, lo mismo que Juan Ramón Jiménez, tenemos nuestra "hora divina":

*
Mi hora divina es en verano, cuando termino mis tareas cotidianas después de comer. A la hora de la siesta me tumbo en la hamaca y me relajo, y duermo la siesta en la terraza de mi caseta del monte.

Fina Mena Rico

*
Mi hora divina es el otoño, a las nueve de la noche, cuando termino de cenar y estoy relajada y me pongo a hacer mis deberes o leer o hacer labor. Yo me quedo en la cocina y no me molesta nadie, y es el rato que más a gusto estoy.

Fina Ruiz Gómez

*
En verano, en el monte, por la mañana, a las siete, desayunando en la terraza de mi casa, viendo el paisaje, los conejos, los pájaros y, a lo lejos, Sagunto, las murallas, el Castillo que tanto admiro y estimo…Es un momento de paz y felicidad.

Maruja Ariño y Estada

*
Mi hora divina es en verano, sobre las seis de la tarde, en la orilla de la playa, tumbarme sobre la arena y notar el olor del agua, el ruido de las olas y el sol que ya no calienta tanto, me quedo relajada hasta llegar a dormirme y siento un placer muy grande, que me gustaría no despertar.

Mª Carmen Gimeno Gil

*
Mi hora divina es el verano, los domingos, a las dos o las tres de la tarde, cuando termino de hacer la paella y nos sentamos toda la familia alrededor de la mesa y me dicen, “Mamá, ¡qué buena está hoy, te ha salido mejor que la semana pasada!” Entonces es mi hora divina.

Pilar Sancho Villaplana

*
A principios de verano, sobre las cuatro de la tarde. Todos hemos terminado de comer, y después de recoger la mesa y arreglar la cocina me siento en la terraza y estoy tranquila y relajada, y estoy muy a gusto leyendo algún libro o simplemente hablando con los míos. Ésa es mi hora divina.

Luisa Lázaro García

*
Mi hora divina es en verano, a las siete y media u ocho de la mañana. Me encanta, pues me voy a caminar a la playa y no hay casi nadie, y oyes el ruido de las olas, y esos rayos de sol que penetran sin quemarte, es algo que me encanta, y das un paseo y otro y otro sin cansarte y, cuando has caminado lo suficiente, te tumbas un ratito y te relajas, y ese rato es mi hora divina.

María Merlos Torres

*
Efectivamente, las mañanas de verano, a la hora del paseo, cuando las olas rompen a mis pies, voy observando qué día el mar tiene. A través de él compruebo que tiene las mismas reaaciones que las personas. Por la tarde, ya relajada, y con el canto de los pájaros y el movimiento de los pinos, nuevamente quedo extasiada.

Antonia Graullera Huerta

*
Mi hora divina siempre ha sido el amanecer. Siempre, para mí, todo empieza con el día nuevo. Es como si mi vida tuviera el poder de aparecerse sin recuerdos tristes, sin culpa ninguna, sin enfermedad, sin mis propios límites, como si todo fuera posible. Tengo una energía primitiva, sin manchas, sin agujero negro.
La luz es la de la infancia, juvenil, ligera, sencilla, co cariño para las flores que despiertan, y para nosotros, los seres humanos, que volvemos a hacer de nuevo aquello en lo que consisten nuestras vidas.
Mi hora divina se despliega mejor con la primavera, cuando todo está fresco, con puros colores, casi acaba de nacer. Esta alegría humilde de los que abren sus ojos por primera vez es esperanza, perdón, confianza y una sonrisa a la vida.

Josephine Fourcaud

*
Mis horas divinas son los amaneceres de mayo, cuando abro mis ventanas y los pájaros cantan y revuelan por toda la calle, y me llega el perfume del azahar, y sus tardes maravillosas, si subes a las faldas del Castillo y ves el mar y la llanura de la huerta. Estas horas son mis horas de reflexión, horas mágicas.

Amparo Gómez Calvo

*
Me encuentro en la primavera, que es la época del año que más me gusta, sobre todo después de comer, te sientas un ratito en el sofá, te relajas con una buena música y te quedas traspuesta, no dormida, pues escuchas todo lo que ocurre a tu alrededor, pero aunque quieras no puedes abrir los ojos, pero sobre todo esa misma hora un domingo en el monte, cuando te tumbas en una hamaca, cierras los ojos y escuchas la brisa del viento y el canto de los pájaros y nadie te molesta, porque todos hacen lo mismo a tu alrededor. Cuando te levantas estás como nueva, muy relajada y muy alegre, ¡qué a gusto has estado ese rato!

Lola Ariño

*
Para mí la estación más agradable es el verano, pues me paso prácticamente más horas en la playa que en casa, pues es el sitio que más me relaja, y la hora divina, pues es por la mañana temprano, cuando no hay gente en la playa y sale el sol, ero sobre todo la hora que más me gusta es al atardecer el ruido de las olas, el olor del mar, es el momento que nunca dejaría la playa, y esto no es de ahora, sino de siempre. ¡Es una melancolía cuando llega mediados de septiembre y pienso, esto ya se termina, salud que tenga para el año que viene!, y así año tras año quiero seguir haciendo lo mismo, disfrutar de esta playa.

Julia Martínez Monteagudo

*
Mi hora divina suele ser en el verano por la mañana, después del desayuno, disfrutando del paisaje en el monte, que es donde suelo pasar el verano, y entre los pinos vemos cómo bajan las ardillas jugando una parejita en los troncos, y verdaderamente se disfruta, aunque las veas todos los días, y el paisaje sea siempre el mismo.
También los días de lluvia son encantadores a todas horas. El olor de los pinos y la tierra es algo increíble, y no lo puedo explicar tal y como lo siento, es un gran disfrute viendo los relámpagos y oyendo los truenos.

Lola Máñez Morata

*
Es para mí el verano una estación maravillosa. Me encanta el amanecer, pues es por la mañana cuando me encuentro con más ganas de hacer las tareas del hogar y escuchar temprano el canto de los pajaritos y el olor a pinos, me resulta encantador, pues suelo estar viviendo en el monte en los meses estivales.

Amparo Gil Llorens

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17 Noviembre 2007

otros dos amores infantiles

*
Marta mira a los niños jugueteando en el patio. Es la hora del recreo. El sol otoñal calienta su espalda mientras está pendiente de los niños. Al fondo, ve a Jorge y Raquel, juntos como siempre, ignorando al resto de sus compañeros La niña intenta quitarse de la cabeza una hoja desprendida de un árbol, pero Jorge le hace un gesto como diciendo, “yo te la quito”.
Marta sonríe mirando a la pequeña parejita. De súbito, viene a su mente una escena similar ocurrida muchos años antes. Se ve en un patio distinto a éste. José le está quitando una brizna de hierba adherida a su rubio pelo. Ella tiene siete años, él nueve.
El patio de la casa está lleno de flores y plantas, es la delicia de todos los que lo ven. Mamá sale con dos ricos bocadillos de Nocilla, le da uno a cada niño y vuelve a sus labores.
Jose es su “novio” casi desde que nació, sus respectivos papás son amigos y vecinos, y ellos han crecido juntos. Él le ayuda a hacer los deberes, la recoge a la salida de clase, la defiende a capa y espada cuando algún revoltoso niño se mete con ella. Es su paladín.
De vez en cuando le dice mirándola muy seriamente: “¿Verdad que siempre estaremos juntos? Yo no quiero que seas novia de otro, y a lo mejor tú, cuando seamos mayores, te vas con otro más guapo que yo y me dejas a mí.” Ella lo mira y lo vuelve a mirar, mientras le contesta sonriendo: “No hay nadie más guapo que tú, de verdad te lo digo, si quieres te lo juro, no quiero otro novio, cuando seamos mayores nos casaremos y yo les daré bocadillos de Nocilla a nuestros hijos. Igual que hace ahora mi mamá.” “Vale”, dice Jose, “pero ahora me has de dar un beso de cine, y así es como ya seremos novios para siempre.” Marta acerca su boca a la de Jose y pega su pequeña boquita sobre los labios de él.
Suena una sirena. El recreo ha terminado. Los ojos de la maestra se dirigen a Jorge y Raquel y ve que en aquel momento la niña une sus labios a los de su enamorado.
Una sonrisa se refleja en los ojos de Marta. Ha sido bonito revivir aquel recuerdo. ha vuelto a sentir, a través de aquellos pequeños, la ilusión lejana que sintieron ella y su marido cuando se “comprometieron” con un beso de cine, en un hermoso patio lleno de flores y plantas.

Carmen Adelantado Castillo

*
Dicen que el amor no tiene edad.
No sé, será verdad…
Pero ¿qué amor?
Porque ¡te puedes enamorar de tantas cosas!
De un arroyo, de una fuente, de un manantial…
¡de tantas cosas!
Del viento, del mar, de la luna, del sol,
de una hormiga cuando la ves caminar,
se cruzan unas con otras
y se besan,
pero ninguna se detiene,
todas siguen su camino,
todas saben dónde van.
Yo me enamoro de todo,
o de nada, que sé yo.
¡Me enamoré tan fuerte
cuando tenía la edad…!
¡Pero duró tan poco
que aquella llama quedó en cenizas
y ya no ha brillado más,
se me fue al más allá!
Yo me enamoro de todo de nada,
del viento, de la luna y del mar,
de una puesta de sol
y de un gran despertar.

Consuelo Jerea

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13 Noviembre 2007

pelando la pava

Pelando la pava

*
--Hola, mi amor, ¿cómo estás?
--Pues ya ves, terminando de poner la mesa…
--Y esto ¿qué quiere decir? ¿Es un día especial?
--Ya ves el día que es…¿Lo has olvidado?
--Perdona, mi tesoro, ¡con tanto trabajo…!
--Pues para eso estoy yo, para no dejar pasar un aniversario.
--Si no fuera por ti no sé qué sería de mí.
--En eso tienes toda la razón, corazón, pero yo no pienso dejar que pase ninguna celebración.

Julia Martínez Monteagudo

*
--Hola, Mari, ¡cuántos días sin verte!
--Sólo he estado fuera unos días…
--Te he echado mucho de menos.
--Pues yo me lo he pasado tan bien que el tiempo se me ha hecho corto.
--Me lo imaginaba.
--Algunas veces sí te he echado a faltar, sobre todo en el baile de la plaza, cuando veía las parejas juntas, bailando, que me daban un poco de envidia.
--Eso no pasará más otra vez, que te marches. Iré yo contigo aunque tenga que mover cielo y tierra.
--Eso espero.

Mª Carmen Gimeno Gil

*
--¿Cómo estás, cielo mío?
--¿Tú qué crees? ¿Cómo voy a estar? Ansiosa ya, de esperarte tanto rato. Pues ¿no habíamos quedado para ir a bailar?
--Pues nos vamos enseguida. Pero primero yo quisiera que fuésemos a ver un poquito el fútbol. Sólo un ratito, y nos iremos enseguida, porque había quedado con mi hermano y con unos amigos.
--¡Eso sí que no! ¡Ni pensarlo!
--¡Cielo mío!
--Ni cielo ni nada…Es que siempre me toca a mí perder. Siempre hacemos lo que tú quieres. Pues hoy ¡a bailar o a casa!

María Merlos Torres

*
--¿Estás sola?
--Sí, cariño, pero espérate que me acicale, ¡no entres!
--¿Qué está sola, sol?
--Sí, sola…¡Ya voy!
--No esperaba verte hecho un desastre. ¿Es que ya no te importo?
--¿Qué no me importas? ¡Con las ganas que tenía de estar a tu lado y decirte lo mucho que te quiero, contarte mis ilusiones y el sueño que tuve anoche…
--Venga, ¡cuéntame, que mi impaciencia ya raya en la locura.
--Los dos cabalgábamos en un corcel hacia un sitio lejano, donde pudiésemos estar solos los dos para hablar de nuestro amor, que es infinito…

Lola Máñez Morato

*
--¿Cómo estás, cielito?
--Yo bien, ¿y tú?
--Muy a gusto de estar a tu lado.
--Se me hace muy largo el tiempo cuando no estoy contigo.
--Y a mí también.
--Eres para mí como el aire que respiro, el agua que nace en el manantial, que corre y corre, cielito mío.
--Tú eres el sol, que calientas mis manos. Cógemelas, cariño.

Mª Ángeles Galarza Romero

*
--¿Vamos al cine?
--¿No íbamos al baile?
--¡Ya empezamos!
--¡Pues paseamos y no gastamos dinero!
--¡Ya lo sabía yo! ¡La cosa es no gastar ni una peseta!
--¿No estamos mejor los dos paseando y hablando de lo mucho que nos queremos?
--Sí…

Maruja Ariño Estada

*
--Hola, chatico, ¿qué has venido a por mí?
--¡Sí! ¿Quieres que vayamos al cine?
--No, quiero hablar de nuestras cosas…
--No querrás decirme que llevamos mucho tiempo festeando…
--Si, pero ¿tú me quieres?
--Mujer, ¿tú crees que después de tantos años no te voy a querer? Sí, te quiero, y además mucho.
--Bueno, pues hablemos de la boda…

Amparo Gómez Calvo

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13 Noviembre 2007

mamá

*
¡Qué me pides que te cuente de mi madre! ¡Son tantos y tan buenos mis recuerdos! Éramos muchos hermanos, pero para todos tenía su tiempo. Era un ejemplo para todos. Como madre fue dura en su trabajo, pero tierna con nosotros. Yo recuerdo cuando, harta de trabajar todo el día, a la noche nos contaba cuentos e historietas.

Amparo Gómez Calvo

*
Recuerdo cuando mi madre les cantaba a mis hijas, siendo niñas, canciones de su tiempo, y las hacía muy felices. Las mecía en la silla y las entretenía mucho. También les consentía mucho, les compraba chucherías, siempre tenía algo en el bolsillo para darles: golosinas, incluso rosquilletas y galletas. Era muy feliz complaciéndolas.

Josefa Mena

*
Siempre recuerdo a mi madre con su sonrisa. Tenía un carácter alegre, y pocas veces me regañaba. Además, me dejaba que la ayudara en la cocina a guisar, y me encantaba, porque siempre me ha gustado hacer guisos y pastas. También recuerdo que cantaba haciendo las tareas de la casa, eran canciones en valenciano que siempre te contaban alguna historieta muy graciosa, y que aún recuerdo con mucho cariño.

Amparo Gil Llorens

*
Analizando aquellos tiempos, en estos momentos admiro las complacencias de mi madre, y también sus negativas, negativas razonadas que con los años comprendes y con añoranza recuerdas.

Antonia Graullera Huerta

*
Me gustaba de mi madre que cuando hacía cualquier cosa (podía ser una torta, pastelitos…) o mi padre se iba a algún sitio de viaje, nos traía algo enseguida, un trozo, igual para mí que para mis hermanos.

María Merlos Torres

*
Recuerdo que de pequeña me gustaba mucho el circo, sobre todo los payasos, y cuando venía algún circo al pueblo yo le insistía a mi adre para que me llevara, y, a pesar del trabajo que tenía, cuando llegaba el domingo me vestía de fiesta y nos íbamos al circo. Yo estaba tan contenta que pensaba que no existía nadie como mi madre.

Luisa Lázaro García

*
Mi madre era especial. Tuvo seis hijos, y a todos, por la noche, cuando nos acostábamos, nos arropaba, y al día siguiente, cuando nos levantábamos, lo primero que nos decía era que le diéramos un beso, y el desayuno ya estaba a punto.

Pilar Sancho Villaplana

*
Recuerdo de mi madre, entre tantas cosas, que una vez, cuando mis hijas eran pequeñas, tuvieron la varicela las dos a la vez, y yo me acobardé de oír que les picaba todo el cuerpo, no sabía qué hacer, y llegó ella y me dijo, “déjame a mí con ellas”. Se puso sentada en una silla entre las dos camas y empezó a acariciarlas donde decían que les picaba. Yo me acercaba a la puerta de la habitación y las veía a las tres tan relajadas y tan felices que me sonreía y pensaba, “¿qué hubiera hecho yo si no llega a venir mi madre?” Mis hijas adoraban a su yaya. Hoy aún la recuerdan con cariño.

Lolita Ariño de la Asunción

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13 Noviembre 2007

más amores infantiles

*
“¡Niña! ¿Qué haces, que te ríes tanto?”
“Nada, madre.
Voy a devolver el libro que me prestó Fernando.”

“¿Fernandito el de Maria Luisa?”
“El mismo, madre.
Que cuando lo nombro me ahoga la risa.”

“¡Niña! ¿Dónde vas con tanta alegría?”
“A la calle, padre.
A hacer un recado cerca de la librería.”

“¡Hola, Fernando!” “¿Qué hay, niña?”
“Toma lo prestado.”
“No hacía falta, te lo regalé para toda la vida.”

Rosa Gascón Ruiz de Azagra

*
Así quiero verte

¡Oh, clara voz
grabada en mi alma!

¡Oh, linda piel
de canela!

¡Oh, dulce mirada
picaresca!

¡Oh, príncipe galán
de mi fiesta!

¡Ven! Ven aquí a mi lado,
decías…
Ya está preparada la mula
y el carro para nuestro paseo…

Y me sentaba orgullosa a tu lado
y decías…
¡Vamos a imaginar nuestro paseo
por las calles
riendo y de la mano!

¡Así quiero verte siempre,
feliz, radiante!

Leonor Bru

*
El misterio del amor (año 1950)

Pedro era un niño de unos nueve años. Cuando volvía del colegio, en su misma calle se encontraba, como cada día, una niña jugando con su muñeca. A él le gustaba verla. Tenía unos cabellos largos, rubios, que caían sobre sus hombros hasta casi la cintura y se movían suavemente cuando movía la cabeza. Pero lo que más le gustaba eran sus ojos, grandes y rasgados, dándole una apariencia oriental.
Todos los días procuraba volver a la misma hora para encontrarla jugando en la puerta de su casa…¿Por qué le gustaba verla?, se preguntaba a veces. Él sabía muy poco sobre el amor, pero lo suficiente para saber que existía algo que producía una cierta atracción entre los chicos y las chicas. Ese algo era lo que hizo que sus padres se casaran y formaran una familia. También veía a los jóvenes ya mayores que iban cogidos de la mano por las calles, con claras muestras de atracción entre ellos. ¡Tal vez fueran novios…! No lo sabía. Todo eran incógnitas a su edad. Pero sabía que cuando fuese mayor encontraría las respuestas apropiadas…¡Tal vez, hasta podría casarse con esa niña de los cabellos largos y rubios…! Era muy joven todavía. Ya llegaría a tener la edad suficiente para saber cuál era aquel sentimiento que atraía a los hombres y las mujeres…Mientras tanto seguiría viendo con interés y alegría a la niña de los ojos orientales…

Miguel Albert Castelló

*
Toño tenía cinco años y Carmencita sólo cuatro. Ambos se sentían muy bien juntos. Siempre se les veía juntos, de la mano. Los demás niños coreaban voz en grito: “¡Toño y Carmencita son novios! ¿Novios! ¡Novios!”, y los acompañaban con grandes risas de complicidad.
Así pasaron más de dos años y de pronto Carmencita cogió el virus de la meningitis y murió. Toño se lo tomó aparentemente con naturalidad, habían muerto otros niños en el barrio y había visto pasar los pequeños ataúdes blancos. Hasta subió los dos trancos de la reja de carmencita para verla estirada e inmóvil con su vestido nuevo. Pero en su incosciente la cosa fue muy diferente. Podía entonces oírse en todas las radios la canción Ya suenan las campanas, que decía así: “Espérame en el Cielo, cariñito adorado, / que si Dios te ha llevado, fiel te quiero ser yo. / Si no fuera pecado, robaría mi vida / para estar a tu lado, junto a tu corazón.” Era sólo una canción, pero en su subconsciente , donde reinan los sentimientos y el deseo, su deseo de estar junto a carmencita era demasiado fuerte e insano. Después de eso y en varias ocasiones un coche había frenado demasiado cerca de su cuerpo estremecido. Sus padres le reprochaban que se había vuelto un atolondrado, y le pedían que tuviera más cuidado al cruzar la calle. Él mismo no se explicaba lo que le estaba pasando. Aquel día todos los de su calle se encontraban en el almacén del más rico labrador de los alrededores. Estaban cargando el producto de la cosecha. Toño se hallaba sentado encima de unos sacos llenos de maíz, apilados contra la pared, Su espalda se apoyaba en un saco y detrás de él sólo estaba la pared del fondo de local. Un camión entraba reculando guiado por el ayudante, marcha atrás. Su trasera avanzaba lentamente hacia Toño, pero éste no se quitó de allí. La chapa de la trasera del camión ya casi iba a tocar su ropa, pero Toño siguió sin moverse. Inesperadamente, el ayudante dio un paso hacia Toño y pudo ver uno de sus pies. Con grandes aspavientos indicó el ayudante al chófer que parara. Éste frenó en seco cuando ya la trasera del camión oprimía fuertemente el pecho de Toño. Maldiciendo, lo sacaron de allí, haciéndole las inútiles preguntas del caso. Mientras lo sacaban a rastras del local una pequeña luz de entendimiento se encendió en su cerebro. No se puede tener todo lo que se quiere.

Rafael González Marfil

*
Hace dos meses que mamá está muy contenta conmigo, porque desayuno rápido y no me tiene que repetir, “¡que vas a llegar tarde!” ¿Ves? Ya acabé. Me voy. Ni siquiera Eva me tiene que esperar, en la esquina de Correos, donde quedamos para ir juntas, llegamos casi a la vez.
¡Hola, Eva! Dos calles, el parque, dos calles más y el cole. ¡Qué largo es este parque! No sé que me está diciendo Eva de quedar con Azucena Solís, la de 1º B para cambiar cromos hoy cuando salgamos a mediodía, bueno, vale. Yo a lo mío.
Se lo tenía que contar a alguien, y anoche, en la cama, se lo dije a Ani, como es pequeñaja y no se chiva…”Ani, me gusta un chico.” “¿Sí, quién es?” “No sé, sólo que lleva un jersey rojo y estudia en Escolapios.” “¿Es guapo?” “No lo he visto nunca de cerca.” “Entonces, ¿por qué te gusta?” “No sé.” “¿Y lleva jersey rojo de uniforme?” “No, los Escolapios no llevan uniforme.” “Entonces será pobre, si siempre lleva el mismo jersey…” Ahora que lo dice, hay días que no lo veo, serán los días que no va de rojo. Buenas noches.
Eva nunca quiere que pasemos por la calle de los Escolapios, dice que hay muchos chicos y le da vergüenza, pero yo siempre insisto por si la convenzo y consigo ver de cerca al del jersey rojo, y sola tampoco voy a pasar, que a mí también me da mucho apuro.
Primera hora, Geografía. Segunda, Gramática. ¡Qué pesada está la monja con que tire el chicle! Yo lo que quiero es que sean las once para ir al recreo. El timbre, menos mal. Y ahora a correr, que no me quiten mi esquina del patio, donde lo veo, y de paso me como el bocadillo. Ya están estas pesadas llamándome para jugar. ¡No! No quiero jugar, sólo quiero quedarme aquí a comerme el bocadillo y esperar a que aparezca el del jersey rojo. ¡¡¡Ahí está!!! Si él a mí no puede verme, no sé por qué tengo tanto calor en la cara, seguro que estoy como un tomate, y encima me tiemblan las piernas y se me pone la barriga mala, es como si me diera vueltas, le tengo que decir a mamá que me haga el bocadillo de otra cosa. Pero ¡estoy tan contenta! Hoy lo he visto, a lo mejor tengo suerte y mañana viene otra vez.
Azucena, Eva y otras más están en el portal de enfrente cambiando cromos, me faltan dos para llenar el álbum. ¿Dónde tengo los míos? ¡Aquí están! ¡Tengo anto montón de repes…! ¡Ahí van! ¡Los cromos por el suelo…! ¿Cambias? Claro que cambio, pero ¿no ves que estoy recogiendo…? ¿Quién ha dicho que si cambio? ¡¡¡Madre mía, es él!!! Y yo con los cromos en el suelo, y estas piernas que tiemblan tanto que no me puedo levantar. “¿Te ayudo?” “No. Bueno, sí. Bueno, ¡yo qué sé!” Yo lo que quiero es desaparecer, salir corriendo, estar en otro sitio. Está aquí a mi lado, con el jersey rojo, ayudándome a recoger cromos. ¡Cuántos granos tiene y qué feo es! ¡Ay! ¡Si ya no me tiemblan las piernas! “Lo siento, tengo que irme.”
“¡Eva! Espera, que yo también me voy.”
Mamá, mañana no va a entender por qué no me doy tanta prisa en desayunar, seguro.

Marga Cristóbal Tamargo

*
Eterno Amor

Habiendo transcurrido el tiempo, me es imposible olvidar ese amor de la infancia, donde todo era maravilloso, como salido de un cuento de hadas y donde el imaginado “príncipe azul” era infaltable a los anhelos de poseerlo fuera como fuese. Con la más pura inocencia de esa edad.
Recuerdo como con sólo su presencia se me iluminaba el universo, todo era bello, desde el amanecer más nublado al perfume de la flor más marchita que se mostraba en algún jardín no muy lejano. Cada vez que nos cruzábamos me embargaba una emoción inexplicable. ¡Había encontrado a mi príncipe azul! Y estaba absolutamente segura de que el resto de mis días en mi existencial historia de vida quería pasarlos a su lado. Tenía todo lo que una mujer puede pretender: era elegante, simpático, conquistador, se percibía su generosa caballerosidad y era admirablemente inteligente. ¿Qué más se podía pedir?
Pero cómo todo cuento de hadas era casi imposible poseerlo. Así que comencé poco a poco y con resignación a quitármelo de la mente y del corazón. Fue el amor platónico más bello y hermoso que pude tener.
Sólo sé que si al día de hoy lo vuelvo a ver, por nada del mundo renunciaría a lo que fue, es y seguirá siendo mi verdadero amor de la infancia.

Patricia Fazio

*
Iba de las tortugas a los columpios, de los columpios a los tubos, y yo, como una mosca, pegada a él, nunca le había visto antes en los juegos de la fuente, debía de ser dos o tres años mayor que yo, un chaval de la Escuela de Aprendices. Si me vio no lo sé, porque parecía estar solo, como si fuera autista. Me gustó un montón y pensé en lo guapo que era, un chaval alto, muy moreno, el pelo y los grandes ojazos super negros. Desapareció, lo esperé por las tardes, pero nunca volvió, y nunca lo olvidé.
Este verano lo vi con su mujer, y le comenté a mi marido esta historia infantil, pues yo tenía nueve años. Mi marido me contestó que ese chico y él habían sido compañeros en Begoña y más tarde en Aprendices.
Pero lo más bonito de la historia es que su hija y mi hijo son novios.

Angelita Lloris Aguilera

*
Benetúser, 1960.
¡Con cuanto cariño recuerdo las tardes de mi infancia! Mi madre, con otras madres, nos llevaban a sus hijas a la playa de Pinedo para bañarnos, merendar y, sobre todo, jugar. En esta ardua tarea intentaba ser, no el líder, pero cercana a ese puesto. Me recogía fuertemente el pelo con una coleta para que nada me obstaculizara la visión, y así, verano tras verano, ¡qué feliz!, ¡cuánto disfrute!, hasta el último verano que nuestras madres nos acompañaron.
A partir de los doce o trece años, yo tenía doce, podíamos ir con las parejas de novios, nosotras éramos sus “escoltas”. Ese año vino al pueblo el sobrino del “Torra”, así era su apodo, contaban que su padre, siempre que le preguntaban, “¿qué hacemos, Blas?” (ése era su verdadero nombre), él contestaba, “¡Anem a fer una torrà!” Pues bien, este sobrino del “Torra” vivía en Ademuz, y por aquello de la playa se vino al pueblo. Era rubio, con ojos verdes, todas estábamos prendadas de él, pero él sólo enía ojos para Pili, una de las amigas que tenía el pelo largo y siempre lo llevaba suelto. Ese verano los juegos en la playa no fueron igual que otros años, yo ya no participaba como otras veces y no me recogía el pelo con la goma…Por suerte para mí, se fue después del verano, y yo volvía a RECOGERME EL PELO.

Rita Castañón

*
APRENDIENDO EL AMOR

Hoy, al doblar una esquina me tropecé con tus ojos y bajé los mismos en un impulso de pueril pudor, incapaz de resistir la mirada de los tuyos, acariciadora y burlona. Una corriente cálida fue subiendo por mi cuerpo, envolviéndome con un tibio cosquilleo hasta desembocar en la cara cubriéndola de un ligero rubor, el mismo que a los diez años, inocente y dulce, me hizo esconderla entre los pliegues de tu chaqueta de hombre, demasiado grande sobre el cuerpo de un muchacho, para no ver las sonrisas de la gente que seguía con simpatía nuestras evoluciones en el salón de baile, mientras la voz de Manolo Escobar, sonaba lejana y machacona
Eran las fiestas en el pueblo de mis abuelos y de los tuyos y dejaron en mi un recuerdo imborrable. Fue tan solo un ensayo del amor pero llenó mi mundo de sensaciones y sentimientos nuevos y desconocidos que empezaron a abrirse en mi camino hacia la adolescencia.
Luego entre nosotros el tiempo. Solo tu sonrisa y mi rubor. Tus recuerdos y los míos. Una vaga añoranza, un escondido rumor… ¿Como sabrían tus besos?

Antonia Amores Vicente

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Soy Manuel. Dirijo dos fábricas de historias, verdaderas y fantásticas, en Sagunto, una en el pueblo alto, en una antigua Guardería, y la otra en el Grao. Aquí vendrán, poco a poco.

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